Enero 13, 2017 17:34

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ECONOMÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PAÍS QUE DISEÑÓ LA DICTADURA MILITAR
24 DE MARZO DE 1976 – 10 DE DICIEMBRE DE 1983

Por Elena Luz González Bazán especial para Latitud Periódico

21 de marzo del 2014

La última dictadura militar, además de asaltar el poder tenía en sus alforjas un plan económico determinado, para tal objetivo convocó a un hombre reconocido del poder político y económico: Alfredo Martínez de Hoz quien el 2 de abril de 1976, en un discurso memorable implementó el plan económico de la última dictadura militar o como se hicieron llamar: Proceso de Reorganización Nacional.

Transcribimos los principales párrafos de la exposición del ministro de Economía de la dictadura militar, doctor José A. Martínez de Hoz:

'Debemos mirar hacia el futuro para construir todos juntos la grandeza del país. Para revertir la situación actual en el menor plazo posible, todos los argentinos sin distinción deberán poner su esfuerzo y realizar su contribución. Ningún sector debe quedar al margen de esa tarea. Habrá sin duda sacrificios a realizar, pero cuando los mismos se reparten equitativamente y con la conciencia de que son necesarios para alcanzar la meta fijada, aceptada y deseada por todos, tales sacrificios pueden ser llevaderos.

Luego afirmaba:

La economía argentina no tiene ningún mal básico ni irreparable. Tiene una extraordinaria potencialidad a través de sus recursos humanos y naturales.
Quisiera referirme brevemente a los objetivos básicos de nuestro programa económico. Indudablemente el bienestar humano engarzado en el contexto general del bien común, es el primero de ellos. Siempre se repite: La economía está al servicio del hombre y no el hombre al de la economía. Esto es tan evidente que parece innecesario insistir en ello. Pero la actual situación económica ha desembocado en un estado de cosas en el que el mayor aliciente se encuentra en la especulación y en las actividades del llamado mercado negro, y no en el esfuerzo productivo y constante de creación de bienes y de riqueza. Resulta pues indispensable eliminar de raíz estos vicios y restablecer la actividad económica sobre bases que tiendan a estimular y premiar la actividad productiva, quitando todo aliciente y posibilidad a la acción parasitaria especulativa. De esta manera, si tuviera que definir en pocas palabras el tipo de economía que considero debe implantarse en el país para lograr los objetivos fijados, podría caracterizarla, simplemente como una economía de producción.

Su planteo sobre la moneda:
Moneda Sana

La inflación monetaria tiene un efecto disruptor de tal magnitud en la actividad económica, que afecta todo el proceso que conduce en sucesivas etapas al objetivo principal del programa. Esto es, el bienestar de la población.
La referida acción disruptora de la inflación, que en la República Argentina es provocada esencialmente por los gastos improductivos del Estado, se manifiesta en los siguientes efectos:
a) Distribución de ingresos de carácter regresivo o sea en perjuicio de los sectores de menores recursos y, en particular, de aquellos que tienen ingresos fijos. Como consecuencia, ocasiona la proletarización de la clase media que constituye la médula del equilibrio social argentino.
b) Impide el cálculo económico, devora las utilidades empresarias y paraliza en consecuencia el proceso de ahorro e inversión.
c) Perjudica al consumidor que invariablemente resulta perdedor en la carrera de los precios, con beneficio de la especulación improductiva.
d) Deteriora la capacidad adquisitiva de nuestra moneda, tanto en el sector interno como, externo, provocando crisis cíclicas en el balance de pagos.
De acuerdo con el precedente planteo, no existe posibilidad real de remontar la crisis que padece la economía del país y lograr el objetivo del programa si no se toman con energía y decisión las medidas conducentes a controlar y eliminar el flagelo inflacionario que afecta el proceso de ahorro, inversión, crecimiento, consumo y, en definitiva, el bienestar general de la población.

Tomando como una medida de la inflación el índice de precios al consumidor el aumento anual de los precios entre marzo de esta año e igual mes de 1975, ha sido de un 566,3%
Si los próximos nueve meses del año reflejan un ritmo inflacionario igual al promedio del primer trimestre, la tasa anual del crecimiento sería en diciembre del 788,8%
Si se mantuviera durante el resto del año la misma tasa del mes de marzo, el nivel anual de inflación en diciembre llegaría a 4.670,3%

Sus conclusiones:

Conclusión general. La obtención de los objetivos arriba enumerados permitiría:
a) Lograr el saneamiento monetario y financiero indispensable como base para la modernización y expansión del aparato productivo del país en todos sus sectores, lo que garantizará un crecimiento no inflacionario de la economía.
b) Acelerar la tasa de crecimiento económico.
c) Una razonable distribución del ingreso preservando el salario real en la medida adecuada a la productividad de la economía. Así como no puede haber distribución sin crecimiento, tampoco puede admitirse el crecimiento sin distribución.

Planteó que era un programa global:
Programa Global

¨Expuesto de esta manera el cuadro general de la economía no me detendré a presentar un estado detallado con cifras de la misma. Los discursos y declaraciones de mis tres antecesores más recientes en el cargo han sido bastante contundentes al respecto.

Me limitaré a exponer las bases del programa económico de recuperación, saneamiento y expansión de la economía argentina que han sido aprobados por la Junta Militar así como las normas de aplicación inmediata que han sido sancionadas en el día de hoy, indicando al mismo tiempo la secuencia de medidas posteriores que gradualmente deberán ir operando para alcanzar los objetivos fijados.

Antes de exponer lo antedicho, deseo insistir que el presente programa forma un conjunto coherente e inseparable.

En el pasado, muchos intentos de saneamiento y recuperación económica financiera del país han fracasado por haber encarado únicamente aspectos parciales del problema. Por ello, de la misma manera, si se tomaran aisladamente alguna o varias de las propuestas de este programa separadas del conjunto, perderían toda efectividad y correrían el riesgo de los anteriores intentos.
Solamente un enfoque global e integral puede otorgar posibilidades de éxito para alcanzar los objetivos deseados".

Qué pasó en aquellos años:
El plan económico puesto en marcha tuvo a grandes rasgos las siguientes consecuencias:

Se congelaron los salarios de los trabajadores, que quedaron bajo el control de la Nación. En este sentido afirmaba Martínez de Hoz: El salario real ha llegado a niveles excesivamente altos con relación a la productividad de la economía. Esa política provocó que el ingreso de los trabajadores cayera un 40 por ciento entre 1976 y 1980.
Otra de las medidas fue que se quitaron los controles de precios y se redujeron las retenciones a las exportaciones, de esta forma se inauguró el pedido de créditos a organismos internacionales: la Argentina recibió del FMI (Fondo Monetario Internacional) 400 millones de dólares.
El slogan para los primeros meses de la dictadura fue: “achicar el Estado es agrandar la Nación”.

Momentos previos al golpe de estado en materia económica

En 1975 la inflación había subido más del 300 por ciento al año,
El PBI descendió un 1,4 por ciento y
El PBI per cápita cayó un 3 por ciento.
Mientras los precios al consumidor habían subido entre marzo del ‘75 y enero del ‘76 un 566,3 por ciento.

La respuesta de Martínez de Hoz para parar la inflación fue la famosa “tablita". Un sistema de devaluaciones preanunciadas para que se supiera cómo y cuándo se iba a devaluar.
La tablita dio comienzo a la era de “la plata dulce” y “al deme dos”.
LA PLATA DULCE: La etapa de la circulación de dinero que producía más dinero fue denominada “la época de la plata dulce” y, junto con el endeudamiento externo, todo esto acarreó grandes beneficios a los grandes grupos económicos, muchos de ellos nacieron y otros se consolidaron bajo el paraguas de la dictadura.

Estos contraían una deuda en el exterior a una tasa baja y luego ponían a trabajar el dinero en nuestro país, la tasa era sumamente elevada, de esta forma, con la ganancia obtenida localmente abonaban la deuda externa y obtenían una gran diferencia a su favor.
Los grandes grupos obtenían créditos pero no los invertían en la producción sino en la especulación. A su vez, la clase media se dedicó a invertir sus “pequeños” ahorros en las financieras, con tasas de interés altísimas, y de esa forma aprovecharon el dólar barato para viajar al exterior y adquirir allí una variedad de productos.
Esa creciente influencia del capital financiero significó la instalación de numerosos bancos en el país, así como un importante proceso de concentración de los mismos. Sin embargo, el sector bancario en desarrollo sufre una crisis que repercutió directamente en el proyecto económico diseñado por la dictadura.

El año 1980 fue el comienzo de un final anunciado: las exportaciones cayeron un 20 por ciento respecto del año anterior, las importaciones subieron un 30 por ciento, acompañadas por una nueva crisis mundial que, para un proyecto basado en el mercado externo, era determinante.
En ese contexto se produjo el “crack bancario” de 1980, que puso fin a la etapa de la denominada “plata dulce”. La quiebra del Banco de Intercambio Regional (BIR) fue el primer indicador.

A este cierre siguieron otras 37 entidades financieras que cerraron sus puertas, y esto por supuesto incidió, repercutió en los sectores industriales, y esencialmente en las pérdidas de fuentes de trabajo.

El frente de la burguesía que hasta ese momento había apoyado a críticamente al proyecto de la dictadura, haciendo oídos sordos sobre la represión desatada, reclamó una política de salvataje por parte del Estado frente al crack industrial y financiero.
Esta primera etapa dio inicio a otro momento económico de la Argentina, fue la puesta en marcha de una gran bicicleta financiera, grandes tasas de interés, una industria en regresión y una clase dominante aviesa de grandes ganancias sin invertir y sobre explotando indiscriminadamente.

El 1 de junio de 1977 la “ley de entidades financieras” libera el mercado de dinero y le da garantía estatal a todos los depósitos a plazo fijo. Con esta norma, si un banco quebraba, el Estado devolvía el dinero. Comenzó así la especular y tristemente celebre "bicicleta financiera".

En octubre del ‘77, las tasas de interés alcanzaron el 135 por ciento anual.
La distorsión fue clara, las empresas tomaban prestamos en el extranjero, en la Argentina las tasas eran elevadísimas. Muchos se dedicaron a realizar la timba financiera: tomaban créditos y los ponían a plazo fijo, de inversión cero.

Por ello, mientras los plazos fijos y las financieras se reprodujeron ferozmente, los que tomaron créditos hipotecarios durante esa época terminaron pagando tasas usurarias: el ejemplo fue la de la recordada circular 1050 del Banco Central, que determinó que miles de ahorristas terminaran pagando tasas siderales o que debieran entregarle sus viviendas al banco, ya que los intereses, fijados por un mercado de tasas que llegaron a más del 100 por ciento al año, tornaba impagables los préstamos.

En 1978, el plan de Martínez de Hoz mostraba lo siguiente: la inflación anual llegó al 160 por ciento, y el PBI descendió durante ese año cerca de un 3,2%. Al crecimiento nulo del país se le sumaron los fuertes gastos del Estado: el 25 de junio del 1978 la Argentina ganó el Campeonato Mundial de Fútbol. Ese mundial, organizado en el país, costó cerca de 500 millones de dólares, gasto que fue completamente cubierto por el Estado.

Publicado por primera vez el 4 de marzo del 2011

Fuentes: varias y propias.


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