Toda tolerancia llega a ser, a la larga, un derecho adquirido.

Georges Clemenceau

Martes 4 Octubre, 2016 17:46

No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía

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LA CIUDAD DE BUENOS AIRES Y EL TRANSPORTE
PARTE IV

PARA TERMINAR A MODO DE CONTRIBUCION HISTORICA

EL PAPEL DE LOS ALCALDES EN EL
VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Por Juan Carlos Cena * especial para Latitud Periódico

7 de septiembre del 2011

Sugiero, con pruebas a la vista, que ninguno de los alcaldes, intendentes y ahora Jefes de Gobierno de la Ciudad de Buenos rastreó la historia para ver como fueron los otros Administradores desde sus inicios. Digo, porque revisar o leer la historia es parte de la cultura de un pueblo y más de sus gobernantes. Deberían, si no quieren leer por pereza, holgazanería mental o por falta de costumbre, mandar a estudiar a otros que les informen y verán que tan rico que son nuestros anales.

Veamos este ayer, mejor, ilustrémosno: Sin lugar a dudas, Juan José Vértiz y Salcedo fue el más prolífico virrey en el Río de la Plata, primero había sido gobernador entre 1770 – 1776, es así que él impulsa el Teatro de la Ranchería, en 1771, y se encarga de censar a la población de la ciudad y la campaña, de acuerdo a su ubicación social. Estoy hablando de un virrey y no de un dirigente nacional y popular, liberal o progresista, peronista, socialista…o híbrido.
Pero seguramente, el tema menos conocido y más interesante desde el punto de vista político lo constituyó la creación de los Comisionados o Alcaldes por barrios, esto fue el 21 de mayo de 1772 por un bando, ya que habían acaecido situaciones complejas y peligrosas en la Buenos Aires colonial.

En el bando se afirmaba: “por cuanto habiendo premeditado con mucha reflexión cuán preciso es establecer en esta ciudad el aseo, limpieza y policía, que tanto conduce a la salud pública, objeto a que no pueden divertirse los jueces ordinarios sin dispendio de la debida administración de justicia y asimismo que para fomento de ésta hay urgentísima necesidad de multiplicar personas que celen las ofensas de Dios, pecados públicos, robos, muertes, heridas (…) he venido a imitación de la Capital de este Reino y otras, en nombrar diferentes comisionados, repartidos por Islas en todo el ámbito de ella, los que he procurado sean los sujetos más distinguidos, y principales, y que tengan su habitación en los Distritos que se les señalan, esperando que estimulados de sus obligaciones y de un zelo patricio desempeñen esta confianza con la maior aplicación, que corresponda a conseguir una obra no sólo importante para la felicidad de la ciudad, sino necesaria a su seguridad y servicio de Dios”. Luego se desglosan 16 disposiciones que cada Comisionado debía llevar a buen término. Al mismo tiempo, estaban repartidos en 16 distritos o zonas delimitadas dentro de la ciudad por órdenes del señor gobernador.

LOS ALCALDES O COMISIONADOS DE BARRIO
Debían ser vecinos distinguidos, su cargo era honorífico, duraban en la función un año, por su reputación intachable no podían renunciar antes de finalizar el mandato.

Controlaban los precios comestibles que se compraban en pulperías y podían verificar la calidad de los mismos. Por la noche las pulperías, tiendas y tendejones debían tener un farol para alumbrar, esto desde 1744. También, podían fiscalizar mudanzas y entradas de los locales en el período de ese año de mandato.

Hoy diría que este virrey es socialista o populista, porque el mercado todo lo regula, ¿Qué se mete este virrey rojo?

Luego continúa: La construcción de una casa se debía hacer con la notificación correspondiente al Comisionado de su Distrito. Es así que el Comisionado que ya se le había informado sobre dicha construcción, se presentaba en el lugar “con algún Inteligente o con el Piloto de la Ciudad” este era el encargado de decir a que altura se ponía el piso de la casa, “según la situación de la calle, de modo que en lo posible tengan en adelante la igualdad y proporción que deben y se eviten los pantanos por la falta de corrientes de las aguas”.

Los otros temas fueron la limpieza de la ciudad, basuras e inmundicias como se afirma en la 11° disposición de 1772, éstas, debían recogerse durante el día y ser arrojadas a las zanjas o parajes durante la noche por los esclavos de los hogares, no sin una previa indicación de parte de la autoridad responsable.

Esta última mención, sobre los esclavos de los hogares, es importante remarcarla, no para este trabajo, pero sí para un análisis más importante de la magnitud del comercio esclavo que hubo en nuestra colonial ciudad de Buenos Aires, la entrada permanente de negros, muchos de ellos quedaban en la ciudad al servicio de las clases acomodadas y otros eran derivados por carreta hacia la antigua provincia de Córdoba donde y desde allí se los enviaba hacia el norte virreinal.
Han pasado más de 300 años, extrañamos al virrey Vértiz

LA IMPORTANCIA DE CENSAR
Estos alcaldes o comisionados fueron importantes a la hora de poder retratar la población de la ciudad colonial y luego virreinal. De esta forma hacían matrículas que contenían datos, entre ellos:
El nombre y apellido de los vecinos
Estado civil
Empleo u oficio
Cantidad de hijos
Esclavos y sirvientes
Otros detalles afines al momento de fines del siglo XVIII.

Con estos datos, aquellas familias que quisieran mudarse o personas que así lo plantearan tenían que informarle al Comisionado encargado, es que ya estaban matriculados y asentados en un lugar preciso del antiguo caserío colonial.

El otro problema que sufría Buenos Aires era el avance de los robos, asesinatos y otros problemas en materia de seguridad. Vértiz planteó que esto se debía a la falta de iluminación en la ciudad, que los ladrones se resguardaban en la noche y, si bien, las pulperías y tiendas tenían iluminación a la noche, hacía falta en las calles. El 2 de diciembre de 1774 Vértiz dirige una carta al Cabildo donde dice: la cantidad de “robos, muertes y otros excesos, que se cometían en esta Ciudad al abrigo de la oscuridad de la Noche”…

Esta situación llevó a Vértiz a implementar la iluminación pública. Los alcaldes de barrio, antes comisionados, se los reconoce a partir de 1774. En este sentido había un manual que los alcaldes respetaban al pie de la letra, se dice, en el mismo se establecía que: “siendo tan importante la conservación y uso de los faroles de la nueva iluminación que se ha establecido en las calles principales de esta ciudad, por el bien general que resulta a todos sus habitantes, se declara a los Comisionados de Barrio, la facultad de nombrar en cada cuadra de sus respectivos cuarteles, un primer Comisario de Faroles y un segundo que le suceda”. Estos últimos fueron elegidos con la misma vara que los alcaldes ya que debían ser hombres dignos y respetados, que por nada del mundo podían excusarse de la administración de los nuevos faroles.

El documento sugería “que cada individuo a quien se señalare el cuidado del farol, lo ha de limpiar, a lo menos, una vez a la semana, para que la luz sea mas clara”. En cuanto a los gastos eran equitativos entre los vecinos de la cuadra.

Finalmente, para prevenir los delitos que con frecuencia asolaban a Buenos Aires, Vértiz le encomendó a los Alcaldes de Barrio que “las noches que tengan por conveniente, harán sus rondas los Comisionados en sus distritos, y para que los acompañen, y puedan ejecutar las prisiones de los vagos, ociosos, malentretenidos, o agresores, nombrarán por su turno, a dos o tres vecinos, quienes tendrán obligación de acompañarlos con sus armas, y ninguno podrá excusarse que no sea con legítimo motivo, pues todos se interesan en la quietud pública”.
La no compañía por parte de los vecinos en la búsqueda de ladrones implicaba multas: la primera era de 3 pesos y la segunda negativa ya era de 12 pesos.

Los alcaldes tenían un bastón de puño de marfil y luego con los años el virrey Arredondo les dio uno de plata sin labrar y el virrey Cisneros con la insignia de la Real Audiencia.
El final de los Alcaldes de barrio parece que fue cuando se sanciona la ley del 24 de diciembre de 1821, la cual suprime las actividades de los cabildos de Buenos Aires y Luján. En realidad, las tareas de los alcaldes pasarán a la organización policial, éstos, luego, en 1856, quedarán como jueces municipales y van teniendo tareas cada vez menores, y en 1934 dejaron de existir definitivamente cuando se sanciona la creación de la Justicia de Paz *.

Pregunto, Vértiz ¿que hubiera dicho de las bicis sendas o del Metro Bus y de los cambios culturales? ¿Y los vecinos? ¿Y del alumbrado y de la organización barrial? ¿Era socialista Vértiz?

Para organizar el tránsito de las carretas, galeras, tropas de mulares, caballadas, calles anegadas de barro y bosta, sino tenía la solución a mano, ¿no hubiera consultado cómo solucionaron estos problemas otros países más desarrollados?
Volvamos al tiempo presente. Dejemos de soñar con un Vértiz para Buenos Aires. Decía más arriba que, a más de 300 años después, extrañamos al Virrey Vértiz. Revisar la historia es una labor que no debemos olvidar. Hay que derrotar los olvidos, para eso hay que sublevar a la memoria.

Nuestra clase política parece o es descerebrada.

• Trabajo cedido por la autora Buenos Aires Industrial, caso testigo Villa Crespo, libro de pronta aparición de Elena Luz González Bazán.

• Juan Carlos Cena experto en Transporte.
• Autor de los libros:
• El Ferrocidio 1º y 2º edición ampliada.
• Ferrocarriles Argentinos – Origen, apogeo, destrucción y recuperación, de pronta aparición.
• Numerosos trabajos de investigación sobre la temática del transporte, publicados en portales en Argentina, América Latina y Europa.

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