7
DE ABRIL / DÍA DE LA ZAMBA
Producción Latitud Periódico
15 de abril del 2014
Los
abuelos tarerean tangos. Las madres, zambas. Al menos es lo
que ocurre por estas tierras nicoleñas que tienen tanto
de urbe como de verde, de campo y de distancia. Para quienes
no somos grandes expertos es quizá el ritmo que más
fácilmente identificamos entre los diversos pulsos y
formas que tiene ese complejo paquete sonoro que denominamos
«folclore».

Al
oír un solo compás, ya reconocemos la zamba como
tal. Y no es que se trate de una fórmula sencilla. Seguramente
que para oídos de otras latitudes, otros países,
otras culturas y otras costumbres, la zamba ha de ser un elemento
extraño. Seductor, eso sí, con gancho; pero extraño.
Es
que se trata de una estructura musical más compleja que
otras. De hecho, su ritmo es motivo de controversia. Algunos
músicos la definen como una danza puramente en compás
de seis octavos. Otros como Juan Falú consideran que
en realidad es una danza de ritmo mixto, con una base en tres
cuartos y una melodía en seis octavos. Adolfo Ábalos
o Hilda Herrera sostienen que ésta es una danza puramente
en tres cuartos.
El
hecho es que, de tan nuestra, la reconocemos, podemos bailarla
sin demasiada torpeza e incluso tocarla en diversos instrumentos,
sin necesidad de andar contando compases o anticipando la caída
de los acentos. Sencillamente, la sentimos. Es nuestra. Es nosotros.
Es
nuestra mamá canturreando versos de Jorge Cafrune. Es
nuestro hermano, trayendo la novedad de la zamba cantada con
la gravedad de una honda voz uruguaya como la de Alfredo Zitarrosa.
Es descubrir que ese cante «jondo» también
tiene su raíz en la Argentina, en el folclore que antes
no se gritaba tanto, sino que más bien se susurraba (“pobre
como una araña”, como diría Borges), en
las míticas, colosales y siempre conmovedoras voces de
Atahualpa Yupanqui y Eduardo Falú.
Es
cierto. Es una enumeración caprichosa de cosas que me
ocurrieron a mí, que escribo estas cosas. Pero no deja
de ser significativo: yo estoy por lo menos una generación
después del fenómeno del folclore y la explosión
de Casquín. Hasta incluso llegué a renegar de
las largas y trasnochadas veladas televisivas en la vieja ATC.
Elegí
otras músicas, como casi todos los de mi generación.
Sin embargo, ahí está siempre la zamba elemental.
Ahí estuvo la emoción cuando escuché y
volví a escuchar una y mil veces la zamba que Silvio
Scorchelli regaló a su abuelo.
La
controversia
Hay
demasiadas versiones que nos cuentan por qué el 7 de
abril es considerado el «Día de la Zamba Argentina».
«Siete de Abril» es una zamba y es también
un pequeño pueblo: ambos encierran una fecha, una verdadera
incógnita muy difícil de develar...
«La
Siete de Abril (zamba)» fue registrada por Andrés
Chazarreta, como autor de letra y música, según
el registro Nº 3049 de SADAIC, del año 1916. Pero
mencionada por algunos como “la madre de las zambas de
tres vueltas”, seguramente no perteneció a don
Andrés, sino de autor anónimo y recopilada por
Chazarreta a principios del siglo pasado.
A
partir de ahí, hay una gran disputa entre santiagueños
y tucumanos acerca de su origen. Isabel Aretz dice que el autor
sería el Ñato Carrillo, violinista tucumano fallecido
en 1911. Pero no lo dice por confirmación de ella, sino
porque lo sostenía un tradicionalista llamado Rafael
Oliva, que era tucumano precisamente. En este caso, 7 de Abril
podría referenciarse a la insurrección tucumana
de 1840 contra Rosas, que originara que una proclama del Gobernador
Marcos Avellaneda contra Rosas, fuera reprimida y con éxito
por éste.
El
nombre Siete de Abril conmemoraría entonces el levantamiento
de 1840, que termina con la cabeza del gobernador Marcos Avellaneda
expuesta en una plaza principal durante varios días,
frente a la casa de Gobierno, donde un monolito conmemora el
hecho
Los santiagueños no creen en esta versión que
intenta dar cuenta del título y origen de la zamba. Y
piensan que la zamba es originaria de ahí.
Al mismo tiempo, De Cicco deja otra incógnita echando
más misterio al tema: el 7 de Abril de 1695 se fundó
oficialmente la Ciudad de Catamarca. Los tucumanos no se quedan
atrás: 7 de Abril puede referirse a un lugar; en concreto,
la localidad tucumana que lleva ese nombre.
FUENTE:
el Norte / Leandro Madeo