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- Equipo Sacerdotes para villas de emergencia
LA
DROGA EN LAS VILLAS: DESPENALIZADA DE HECHO
Mensaje de los sacerdotes para las villas de emergencia
(25 de marzo de 2009)
Producción
Periodística de Elena Luz González
Bazán especial para Latitud Periódico
16
de junio del 2010
El
año pasado, a un año del Bicentenario, el equipo
de Sacerdotes para las villas de Emergencia entregaron un documento
esclarecedor y doloroso.
Algunos conceptos esenciales marcaron y no fueron integrablemente
entendidos o comprendidos por la ciudadanía, específicamente
porteña, estas se pueden resumir en que estas son barriadas
OBRERAS. La segunda que la droga está despenalizada de
hecho y derecho por los quienes son los traficantes de la misma.
Quienes pudimos recorrer y trabajar en estos espacios obreros,
sabemos que ya mucho antes del 2001, la droga se introdujo en
las barriadas para deteriorar la realidad social y lograr la
sumisión de quienes terminan siendo víctimas prácticamente
sin retorno de una situación tan dolorosa. También
está la nota de prensa cuando el padre Pepe fue amenazado,
aún no se sabía a quien se había intimidado.
Este
documento es demostrativo, convincente, emotivo y claro.
16
de mayo del 2001
Queridos Hermanos:
Queremos compartir con ustedes un documento que elaboramos sobre
el flagelo de la droga en las Villas. Tal vez alguna cosa sea
de utilidad para otros barrios. Muchas gracias por su cercanía,
ayuda y oración.
Equipo de sacerdotes para las Villas de emergencia.
Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar
honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa,
para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así
mejorar la casa. Se va dando así esa dinámica
linda que va transformando las Villas en barrios obreros. Miles
y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos
y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de esta a casa.
Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría
popular, se reúnen a la sombra de un árbol o de
un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a
contar anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas
las edades se reúnen a rezar las novenas y preparar las
fiestas en torno a las ermitas levantadas por la fe de los vecinos.
La contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga
instalada desde hace años, quizás con más
fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada
de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente
molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún
organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos
chicos que tienen veneno en sus manos.
Ante
la confusión que se genera en la opinión pública
con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema
de la droga y la delincuencia, decimos claramente: el problema
no es la Villa sino el narcotráfico. La mayoría
de los que se enriquecen con el narcotráfico no viven
en las Villas, en estos barrios donde se corta la luz, donde
una ambulancia tarda en entrar, donde es común ver cloacas
rebalsadas. Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa
–como zona liberada- resulte funcional a esta situación.
La
vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando
cada vez más difícil hasta convertirse en las
primeras víctimas de esta despenalización de hecho.
Miles arruinados en su mente y en su espíritu se convencieron
que no hay posibilidades para ellos en la sociedad.
Por otra parte profundamente ligado al tema de la droga se da
el fenómeno de la delincuencia, de las peleas, y los
hechos de muerte violenta (“estaba dado vuelta”).
Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que
hay en nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y
que visualizamos como fuera de control. Cuando vemos muertes
causadas por menores adictos, también nos preguntamos
¿quién es el que pone el arma en manos de los
menores? De este espiral de locura y violencia las primeras
víctimas son los mismos vecinos de la Villa.
La
destrucción pasó como un ciclón por las
familias, donde la mamá perdió hasta la plancha
porque su hijo la vendió para comprar droga. Estas familias
deambularon por distintas oficinas del Estado sin encontrar
demasiadas soluciones año a año. Toda la familia
queda golpeada porque su hijo está todo el día
en la calle consumiendo. Asombra ver como ese niño que
fue al catecismo, que jugaba muy bien en el fútbol dominguero,
hoy “está perdido”. Causa un profundo dolor
ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye
para fumar “paco”.
La despenalización de hecho generó inseguridad
social. La raíz de la inseguridad social hay que buscarla
en la insolidaridad social.(1) A poco que nos pongamos a la
luz de Palabra de Dios, descubrimos que como sociedad no nos
hemos movilizado suficientemente ante el hecho dramático
del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes
débiles física y mentalmente. Con madres y padres
angustiados sin trabajo o changas mal remuneradas. A los que
les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos
con actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva
de ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero
necesario. Se generan así situaciones infrahumanas aprovechadas
a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga.
Como
sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la
llamada evangélica de acompañar a aquellos niños,
adolescentes y jóvenes que en gran cantidad se encuentran
en este infierno de la droga y a la vez de exhortar a la conversión
a los que pisotean la dignidad de los mismos de esta inescrupulosa
manera, avisándoles que Dios y la Virgen les van a pedir
cuentas.
Ahora
escuchamos hablar de despenalizar en el derecho el consumo de
sustancias. Nos preguntamos: ¿ministros y jueces conocen
la situación en nuestros barrios? ¿Han dialogado
con el hombre común de la Villa? ¿Se han sentado
a elaborar con ellos proyectos liberadores –la droga esclaviza-
o simplemente se piensa en implementar recetas de otras latitudes?(2)
¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes
el mensaje: se puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?
Algunas propuestas
Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que
están en los pasillos de consumo, en esos lugares de
tristeza y desesperación, recibe generalmente preguntas
y pedidos de este tipo: “¿Dios a mí me ama?”
“¿Me voy para arriba o para abajo?” “Padre
me da la bendición de Dios”. “¿No
me ayuda a salir de este lugar?, no aguanto más esta
vida”…
Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros
creemos que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad
infinita, ninguna vida está de sobra.
Por
eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los papeles
de las estadísticas, desde los fríos números.
Desde esta perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir
paco, es sólo uno más. ¿Qué importancia
tiene esto si no afecta a los números y estadísticas
que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso? Tal vez
esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado,
nada más.
Nosotros
queremos intentar mirar la realidad desde el corazón
de Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se
pierda, para todos quiere una vida plena.
Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía
diaria con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones
en base a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias
Villas venimos transitando distintos caminos de prevención,
recuperación y reinserción; de acuerdo con cada
realidad y con las posibilidades que contamos.
Prevención
No hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga
es demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación
tenemos que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo
de prevención sistemático y a largo plazo.
Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos
de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes
y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se
haga para fortalecer a sus familias-. Ámbitos de recreación
y de construcción de un proyecto real para su vida. La
verdad es que se logra poco con el no a la droga sin un fuerte
sí a la vida.
Muy
unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus
grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia
el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que
hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay
pasión por ella, aparece la adicción. El gran
trabajo de prevención nos parece que tiene que tener
como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece
que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales,
sin negar obviamente su dimensión biológica y
psicológica.(3) Una persona espiritualmente saludable
está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra
sentido a lo que hace, tiene la “alegría de vivir”.
Nuestro
país tiene una enorme deuda social. “La deuda social
es también una deuda existencial de crisis de sentido
de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte
de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones
para vivir”(4).
El
sentido de la vida se adquiere por “contagio”, los
valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso,
la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes
positivos que puedan trasmitir valores vividos por la fuerza
de su testimonio.
Tenemos por otro lado que aprovechar los ámbitos que
existen y que son naturalmente lugares de prevención,
como por ejemplo la escuela. “La escuela es el principal
mecanismo de inclusión. Quienes se van de la escuela
pierden toda esperanza ya que la escuela es el lugar donde los
chicos pueden elaborar un proyecto de vida y empezar a formar
su identidad. En la actualidad, la deserción escolar
no suele dar lugar al ingreso a un trabajo sino que lleva al
joven al terreno de la exclusión social: la deserción
escolar parece significar el reclutamiento, especialmente de
los adolescentes, a un mundo en el que aumenta su vulnerabilidad
en relación a la violencia urbana, al abuso y a la adicción
a las drogas o al alcohol. Si bien la escuela puede no lograr
evitar estos problemas, la misma parece constituir la última
frontera en que el Estado, las familias y los adultos se hacen
cargo de los jóvenes, en el que funcionan, a veces a
duras penas, valores y normas vinculados a la humanidad y la
ciudadanía y en el que el futuro todavía no ha
muerto.” (5)
Por
eso no hay que quedarse en el mero demandar cosas a la escuela
en general y a los docentes en particular, sino que hay que
apoyar decididamente su fundamental labor. La educación
es un camino real de promoción por eso son necesarias
más escuelas y mayor presupuesto para educación
en los barrios más pobres de la ciudad.
Nos
parece conveniente proponer la posibilidad de que se dicte una
materia específica de prevención de adicciones
ya desde la primaria, tal vez desde el preescolar. No nos referimos
a esa prevención que explica el tipo de drogas, o como
se consumen etc. Nos parece más conveniente un tipo de
prevención que transmita a los chicos que tenemos vida
y esta vida es sagrada y por eso tenemos que aprender a cuidarla.
Hay material elaborado a partir de experiencias en zonas de
alta vulnerabilidad social que se puede utilizar.(6) Si fuera
necesario, la delicadeza del tema amerita un proyecto de ley
en la legislatura que al aprobarse posibilite el dictado de
la misma.
El
abordar la tarea de la prevención de las adicciones requiere
un trabajo hecho con esperanza, con la confianza audaz de que
es posible crear ámbitos sanos y dichosos que ayuden
a curar las heridas. “A quienes dicen ‘trastornos
precoces efectos durables’ se les puede responder que
los trastornos precoces provocan efectos precoces que pueden
durar si el entorno social y familiar los convierte en relatos
permanentes.” (7)
Mirar con esperanza esta difícil situación que
vivimos en nuestros barrios nos aleja de una mirada fatalista.
Por otro lado nuestra fe católica nunca dijo que algunos
están predestinados a vivir bien y otros a la miseria.
Nuestra fe lee esta situación como una situación
de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta
situación de injusticia se contrapone al proyecto de
amor del Buen Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor
por nuestra complicidad manifestada de tantas maneras y pidámosle
la gracia de poner todo lo que esté de nuestra parte
para transformar esta dolorosa realidad.
Recuperación
Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados
niños, jóvenes y adultos que fuman pasta base,
tengamos por seguro que llegamos tarde. La pregunta es: ¿queremos
seguir llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren
o quedan con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo
ya. Aunque sólo salvemos a uno.
Pedagogía de la presencia (8)
El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos
golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso
es a la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas,
de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas
que ‘estan de sobra’, que molestan, o que afean
nuestros barrios. Este primer paso es acercar el corazón.
Corazón que se acerca es corazón que ve y se deja
tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha.
El hábito de la escucha no es algo común en nuestros
días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos
más, seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría
notablemente.
Ponerse
a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las
pautas sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan
normas, que respeten derechos para entrar en sociedad, cuando
como sociedad no les hemos respetado sus derechos más
elementales.
Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el
primer paso imprescindible.
Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no
la realidad a ellos
La burocracia expulsa, pone trabas (excesivas entrevistas y
requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas
personas. Además muchas veces la realidad de los procesos
de recuperación está marcada por los números-dinero
(becas por un año, ese sería el tiempo de recuperación),
dejando a un segundo plano los procesos personales.
Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona
hay que discernir que camino de recuperación proponerle:
atención ambulatoria en un centro de día; internación
en una comunidad terapéutica, etc.
Por
otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más
pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen
y no tiene con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse
entonces la posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.
Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros
programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos;
creando ámbitos que rompan las cadenas invisibles que
esclavizan a nuestros adolescentes y jóvenes.
Hoy
vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca
tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte
se adueñan de nuestra vida.
A veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando
fuertemente en la lucha contra la droga’. Es así
que por ejemplo se abre un solo centro de recuperación
para toda una ciudad y se empapela la misma para dar una buena
imagen. Si se da imagen de algo que no es, que en realidad se
está haciendo insuficientemente, no solo se corre el
riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el camino.
En
relación a esto último hay una responsabilidad
grande de los publicistas y de los medios de comunicación
en general, valga como ejemplo este verano: Por un lado la propaganda
de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era
sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado
la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de
alcohol en muchos jóvenes en la costa.
Tal
vez esto sea una llamada de atención para que veamos
que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes
y jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al
aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les
mostramos que no hay que encontrar “algo” para combatirlas
sino encontrar a “alguien” con quien compartir y
hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con “alguien”
que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.
El
mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los
niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a
esos chicos que tienen su libertad muy condicionada; prueba
de ello es que dinero que consiguen va a parar a aquellos que
no les importa nada de sus vidas y les ponen veneno en sus manos.
La justicia tiene que tenderle la mano a esas mamás que
desesperadas no saben como ayudar a sus hijos.
Pensar en el después del camino de recuperación.
No alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes
que no pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra
y se consume libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico
que favorece la recaída en el consumo. La no conveniencia
de la vuelta al barrio es señalada reiteradamente por
muchas familias que los aman y acompañan. Tenemos que
ir tejiendo con ellos una propuesta de real reinserción
social. Desde el elemental derecho a la identidad o sea que
accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un lugar
para vivir con dignidad.
Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están
privados de su libertad han cometido delitos a causa del consumo
de droga. En ese caso hay que replicar las experiencias que
tratan su adicción; utilizándose así positivamente
el tiempo en prisión para que al salir puedan reinsertarse
en la sociedad. De alguna manera este también es un trabajo
de prevención.
Por último ponemos bajo la protección y el cuidado
de la Virgen de Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las
familias que en nuestros barrios sufren el flagelo de la droga.
- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo
Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco
de la Villa 1-11-14.
- Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo
de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y
del Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.
Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009.
Notas:
(1) Cf. Mons. Miguel Esteban Hesayne. Jesús, el Reino
y la inseguridad. Homilía del 32º domingo durante
el año (9/11/ 2008)
(2) Mons. Jorge Lozano: “Hemos escuchado con preocupación
a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por
la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta
que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo
nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención.
Pero ¿se logra el propósito andando ese camino?
¿La legislación actual penaliza al consumidor?
No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso
personal y hay una "dependencia física o psíquica"
de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad
curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación
y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo
que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.
Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente)
y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación
y rehabilitación. La despenalización del adicto
ya está en vigencia.” Artículo periodístico
publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización
del consumo de drogas para consumo personal. (29/12/ 2008)
(3) Nos parece muy iluminador el trabajo de López Rosende
Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos
y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008.
(4) CEA. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad. (2010-2016)
Nº 25
(5) Card. Jorge Mario Bergoglio S. J. Carta pastoral sobre la
niñez y adolescencia en riesgo. (1/10/05 )
(6) Por ejemplo: Aldo Tamai- Claudia Betancour. Promoción
de la Salud para niños en edad escolar. Estrategias para
la prevención de adicciones y otras situaciones de riesgo
en edad escolar. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 2007.
(7) Cyrulnik Boris. La maravilla del dolor. El sentido de la
resiliencia. Granica. Buenos Aires, 2001. Pag. 92. Del mismo
autor se puede leer obras como: “El amor que nos cura.”;
“Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz
no determina la vida.”
(8) Gomes Da Costa Antonio Carlos. Pedagogía de la presencia.
Losada - UNICEF Argentina. Buenos Aires, 1995.
Fue
amenazado un sacerdote por denunciar la droga en las villas
Buenos Aires, 22 de abril del 2009
Los
sacerdotes de la Pastoral de las Villas al presentar el documento
sobre las drogas
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal
Jorge Mario Bergoglio, denunció esta mañana que
fue amenazado uno de los sacerdotes del clero porteño
que firmó el documento “La droga en las villas:
Despenalizada de hecho”.
El presbítero, cuyo nombre no se dio a conocer, integra
el Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia y es uno
de los 19 que firmó el documento publicado el pasado
25 de marzo.
El cardenal, que hizo estas declaraciones en la homilía
de la misa anual por la Educación que se celebró
hoy en la catedral metropolitana, advirtió que “esa
amenaza no es chaucha y palito, porque no sabemos en qué
puede terminar".
Al referirse a los que definió como “mercaderes
de las tinieblas", el cardenal advirtió que “estas
tinieblas son poderosas”, y subrayó: “vos
hablás, denunciás una tiniebla que es ofrecida
por los mercaderes en las puertas mismas de los lugares donde
están los chicos, y te viene la amenaza”.
“No
tienen idea -agregó- de lo grave de la propuesta tenebrosa
de las drogas, esa corrupción que se reparte incluso
en la esquina de las escuelas".
El mencionado documento advierte que en las villas, el consumo
“está despenalizado de hecho”, sin que las
autoridades hagan nada por estos adolescentes y jóvenes
que tienen “veneno en sus manos”.
Además de reconocer que “la triada hambre-criminalidad-droga
es demasiado fuerte”, proponen hacer frente a esta “dramática
situación” mediante un trabajo de prevención
“sistemático y a largo plazo”.
“Cuando
las estadísticas nos dicen que son demasiados niños,
jóvenes y adultos que fuman pasta base, tengamos por
seguro que llegamos tarde. La pregunta es ¿queremos seguir
llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren o quedan
con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo ya, aunque
sólo salvemos a uno”, expresa el texto.
"La
droga en las villas: Despenalizada de hecho”, lleva la
firma de los sacerdotes José María Di Paola, Carlos
Olivero, Facundo Berretta, Juan Isasmendi, Guillermo Torre,
Martín Carrozza, Gustavo Carrara, Adolfo Benassi, Joaquín
Giangreco, Jorge Tome, Franco Punturo, Sebastián Sury,
José Nicolás Zámolo, Pedro Baya Casal,
Martín De Chiara, Nibaldo Valentín Leal, Sergio
Serrese, Enrique Evangelista y Jorge Torres Carbonell.
Sin embargo, el arzobispo manifestó que “el gravísimo
problema de la droga no es una cuestión de esos sacerdotes,
es cuestión mía y de todos los obispos auxiliares
que apoyamos esa declaración. Tenemos que defender la
cría”.
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