Borja Perez, Luis Felipe (Ecuador)

Luis Felipe Borja Pérez, nació en Quito el 21 de febrero de 1845. Perteneció al Partido Liberal, del cual fue su Director, pero fue el primero en lanzar sus protestas contra las violencias ocasionadas cuando éstas llegaron al seno del liberalismo.

Cardozo, Ramón Indalecio (Paraguay)

Nació en 1876 en Villarrica y fue uno de los más grandes pedagogos paraguayos.

EDUCACIÓN / EN DEFENSA DE LA ESCUELA PÚBLICA ARGIRÓPOLIS

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DOCENTES ARGENTINOS
ARGIRÓPOLIS: LA IMAGINACIÓN DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

Producción periodística de Latitud Periódico

21 de septiembre del 2016 *

ARGIRÓPOLIS proviene del griego y significa: "ciudad de la Plata". Es la ciudad imaginaria concebida por el educador, escritor y presidente Sarmiento, durante el siglo XIX.
La propuesta de Sarmiento es la Isla Martín García, en su confluencia de los ríos Paraná y el río Uruguay como emplazamiento de Argirópolis, que por su situación constituiría un punto de unidad entre las provincias interiores de Argentina, ya colonizadas ampliamente. De esta forma se aseguraría el progreso y la pacificación de esta región del país, asolada por los enfrentamientos entre unitarios y federales.
El objetivo de Sarmiento fue la construcción de los Estados Unidos del Río de la Plata, uniendo la Confederación Argentina, el Estado Oriental del Uruguay y el Paraguay en un solo estado que incluiría aquellos territorios más fáciles de relacionar con las principales redes comerciales.
Lo que quedaría excluido serían: la Provincia de Buenos Aires y la Patagonia más sencillamente colonizables por parte de la inmigración europea, de modo que la confederación evitaría el contacto directo con los indígenas.

Lo que entregamos es el Capítulo V de dicho trabajo.

CAPITULO V DE ARGIRÓPOLIS

Creemos haber llegado a establecer sólidamente la conveniencia, la necesidad y la justicia de crear una capital en el punto céntrico del Río de la Plata, que poniendo por su posición geográfica en armonía todos los intereses que se chocan sin provecho después de tan largos años, termine a satisfacción de todos los partidos, de todos los Estados del Plata la guerra que los desoía, para cuya solución han sido impotentes las armas de la Confederación Argentina y la diplomacia europea. Efectivamente, la creación de una capital en Martín García, para conciliar los intereses y la libertad de los Estados confederados, tiene en su apoyo:

1° El ejemplo de los Estados Unidos de Norte América, que adoptaron en igual caso el mismo temperamento para constituir la Federación. Washington fue creada para servir de capital de la Unión Americana y su distrito entregado al congreso.

2° Que por su forma insular Martín García se desliga naturalmente de toda influencia de cada una de las provincias que forman la Unión.

3° Que cerrando la entrada al Paraná y al Uruguay, las provincias ribereñas de Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y sus limítrofes, como asimismo el Paraguay y la República del Uruguay, unidas en un interés común, están interesados en la independencia de dicha isla de toda otra provincia que pueda, ahora o en lo sucesivo, someter la navegación interior de los ríos a las regulaciones que su interés particular le aconseje imponer.

4° Que si han de hacerse estipulaciones entre el Paraguay y el Uruguay con la Confederación actual para garantirse recíprocamente la navegación de sus ríos, estas estipulaciones no pueden ser duraderas y firmes mientras los tres Estados no tengan igualdad de dominio sobre la isla fuerte que cierra el tránsito, y esta igualdad supone la asociación y federación de los tres Estados en un cuerpo unido por un interés y un centro común.

5° Que la situación extranjera de Martín García la hace un baluarte de defensa para los Estados y, por tanto, está llamada a ser el centro de la Unión.

6° Que la situación geográfica de las provincias de la Confederación Argentina hace de esta isla, no sólo el centro administrativo y comercial, sino la aduana general para la percepción de los derechos de exportación e importación.

7° Que deja a Buenos Aires y Montevideo en pleno goce de las ventajas comerciales que les asegura su situación a ambos lados de la embocadura del río, sometidas a una legislación común que estorbe en adelante la competencia y rivalidad comercial que las ha arrastrado a pretender destruirse mutuamente en las guerras, intervenciones y luchas de partido que ambas han fomentado durante los quince años precedentes.

8° Que la población de la isla creará en pocos años un nuevo centro comercial común a las dos ciudades, y por tanto un nuevo elemento de prosperidad para ellas, aumentando el número de ciudades comerciantes y ricas del río de la Plata.

9° Que no estando en poder de ninguno de los Estados la isla, y siendo la posesión actual que de ella tiene la Francia por vía de rehenes, la Francia se prestaría a devolverla a un congreso reunido en ella para terminar la guerra, y el congreso tendría interés de entrar en su inmediata posesión, en nombre de todos los Estados interesados.

10° Que convocado el congreso, el encargo de las relaciones exteriores hecho provisoriamente al gobierno de una de las provincias deja de ser una amenaza constante de usurpación del poder nacional, efectuada por la duración y la irresponsabilidad del encargado, y las concesiones que solicita diariamente de los poderdantes, para extender su autoridad a punto de someterlos a ellos mismos a su dominio.

Militan en favor de la fusión de los tres Estados del Plata en un solo cuerpo, el espíritu de la época y las necesidades de las naciones modernas. La especie humana marcha a reunirse en grandes grupos, por razas, por lenguas, por civilizaciones idénticas y análogas. La India desde principios de este siglo trabaja por reunirse en una sola nación, y las últimas revueltas de la Lombardía y Venecia han tenido por instigador el espíritu italiano.

La Alemania por la Asamblea de Francfort o la política de Prusia o del Austria, aspira al mismo fin. Los Estados Unidos del Norte se agrandan por la creación de nuevos Estados y la anexión de los vecinos. Tejas, el Nuevo Méjico y California han cedido ya a esta atracción, y el alto y bajo Canadá continúan cada vez más atormentados por el deseo de adherirse a un gran centro de Unión. Esta propensión a aglomerarse las poblaciones se explica fácilmente por las necesidades de la época. La ciencia económica muestra desde el mecanismo de las fábricas hasta la administración de los Estados, que grandes masas de capitales y brazos soportan con menos gasto el personal que reclaman. Cuando por otra parte brillan en la tierra cuatro o cinco grandes naciones, los hechos y los hombres de las pequeñas pasan inapercibidos, valiendo más ser diputado de la cámara baja en Inglaterra que presidente en una república oscura.

Las repúblicas sudamericanas han pasado todas más o menos por la propensión a descomponerse en pequeñas fracciones, solicitadas por una anárquica e irreflexiva aspiración a una independencia ruinosa, obscura, sin representación en la escala de las naciones. Centro América ha hecho un estado soberano de cada aldea: la antigua Colombia diósela para tres repúblicas; las Provincias Unidas del Río de la Plata se descompusieron en Bolivia, Paraguay, Uruguay y Confederación Argentina, y aun esta última llevó el afán de descomposición hasta constituirse en un caos sin constitución y sin regla conocida, de donde ha salido la actual Confederación, encabezada en el exterior por un encargado provisorio de las relaciones exteriores.

Los Estados del Plata están llamados, por los vínculos con que la naturaleza los ha estrechado entre sí, a formar una sola nación. Su vecindad al Brasil, fuerte de cuatro millones de habitantes, los ponen en una inferioridad de fuerzas que sólo el valor y los grandes sacrificios pueden suplir.

La dignidad y posición futura de la raza española en el Atlántico exige que se presente ante las naciones en un cuerpo de nación que un día rivalice en poder y en progreso con la raza sajona del Norte, ya que el espacio del país que ocupa en el estuario del Plata es tan extenso, rico y favorecido como el que ocupan los Estados Unidos del Norte. El mundo está cansado de oír hablar de estas reyertas americanas entre ciudades que apenas son algo más que aldeas, entre naciones que no cuentan más poblaciones que un departamento o un condado.

Pero para que la Confederación Argentina pretendiese hacerse el centro, solicitando esta concentración de los Estados que se han desprendido de ella, era necesario que se mostrase digna de tan honrosas simpatías, que en lugar de llevar la guerra y la desolación a sus vecinos, los eclipsase por el brillo de sus instituciones, por el desarrollo de su riqueza. ¿Quién querrá adherirse a un Estado regido por la violencia y el arbitrio irresponsable de un mandatario que no tiene aún un título permanente para ejercer la autoridad suprema?

¿A la sombra de qué Constitución sancionada por los pueblos vendrían a reposarse el Paraguay envilecido y anulado por el doctor Francia, el Uruguay dilapidado por Rivera o amenazado por Oribe de gobernarlo por derecho de conquista? Buscarían en esta asociación, anónima, acéfala y sostenida sólo por la violencia, respeto por las opiniones, libertad para el pensamiento, igualdad para los Estados confederados en la distribución de las ventajas de la asociación? Sólo la convocación inmediata del Congreso y la promulgación de una Constitución que regle las relaciones de Estado a Estado y garantice los derechos y la libertad de los ciudadanos puede servir de base a la inevitable reunión de los Estados del Plata y con ella a la cesación de las luchas, odios y rivalidades que los afligen, para dejar que el porvenir inmenso a que están llamadas aquellas comarcas alcancen a las generaciones actuales con algunas de sus bendiciones.

Si todas estas ventajas y resultados obtenidos sin efusión de sangre, sin trastornos ni cambios peligrosos, no pudieran obtenerse de una vez, bastaría que una sola de ellas fuese inmediata y efectiva para hacer apetecible por lo menos la invención de la capital de los Estados del Plata. Nosotros no pedimos más a los hombres desapasionados y a quienes no extravían pasiones culpables, que mediten sobre estos puntos y habitúen su espíritu a creer posible lo que es verosímil, a desear que sea un hecho lo que en teoría presenta tan bellas formas.

¿Qué obstáculos impedirían que la idea se convirtiese en hecho práctico, que el deseo se tornase en realidad? ¿No se presta la superficie de Martín García a contener una ciudad? ¡Cómo! ¿Génova, la ciudad de los palacios, no pudo llegar a ser ella sola una de las más poderosas repúblicas de Italia? ¿No están sus templos y edificios derramados sobre el declive rápido de una montaña, no habiendo en toda la ciudad sino dos calles, a lo largo de la angosta franja, de tierra que a fuerza de arte han arrebatado a las olas del mar? ¿La célebre Venecia, fundada sobre estacas en el seno de las lagunas, no fue apellidada la reina del Adriático y sus habitantes no tuvieron por largos siglos el destino del mundo en sus manos? Y sin buscar ejemplos tan lejos, ¿han impedido las montañas y el mar que Valparaíso, que sólo contenía una calle hace veinte años, contenga hoy cincuenta mil habitantes y sea el centro del comercio del Pacífico?

La América española se distingue por la superficie desmesurada que ocupan sus ciudades apenas pobladas; y el hábito de ver diseminarse los edificios de un solo piso en las llanuras nos predispone a hallar estrecho el espacio en que en Europa están reunidos doscientos mil habitantes. De este despilfarro de terreno viene que ninguna ciudad española en América pueda ser iluminada por el gas ni servida de agua, porque el costo excesivo de los caños que deben distribuir una u otra no encuentran cincuenta habitantes en una cuadra. Por otra parte, es un hecho conquistado que la grandeza de los pueblos ha estado siempre en proporción de las dificultades que han tenido que vencer. Los climas fríos engendran hombres industriosos, las costas tempestuosas crean marinos osados. Venecia fue libre y grande por sus lagunas, como Nápoles fue siempre presa de los conquistadores por sus llanuras risueñas. Nuestra pampa nos hace indolentes, el alimento fácil del pastoreo nos retiene en la nulidad.

Pero Martín García no está en las condiciones de aquellas ciudades que la industria humana ha hecho surgir en despecho de la naturaleza, dondequiera que un poderoso interés aglomeraba hombres y edificios. Su extensión se presta a todas las aplicaciones apetecibles. El general Lavalle hizo durante su mansión en aquella isla desmontar una porción de terreno y cultivar en él cereales.

Nuestro juicio no está habituado a la repentina aparición de ciudades populosas. Estamos habituados a verlas morir más bien de inanición.

¡San Luis, Santa Fe, La Rioja, que la tierra que ha recibido en su seno los escombros de vuestros templos de barro os sea propicia! Preséntasenos a la imaginación invenciblemente chozas de paja, calles informes, aldeanos medio desnudos por moradores. Sólo el espíritu de los norteamericanos no se sorprende de encontrar una ciudad populosa iluminada por el gas, donde dos años antes crecían encinas y robles. El mapa de los Estados Unidos envejece en cinco años; en cada nueva sesión del congreso los diputados tienen que hacer lugar al representante de un nuevo Estado que pide asiento en el Capitolio, y las ciudades nacen de piedra y calicanto, se endurecen al sol de un año y ven aumentar sus habitantes por millares cada semana. Hay quienes trafican en la crianza e invención de ciudades, y tal especulador que compró a un dólar el acre de tierras baldías las menudea un año después a una guinea la yarda.

Que Argirópolis sea, y tales son las ventajas de su posición que la virilidad completa será contemporánea de su infancia. La aduana de los estupendos ríos que recorriendo medio mundo vienen a reunirse en sus puertos atraerá allí cien casas de comercio.

El congreso, el presidente de la Unión, el tribunal supremo de justicia, una sede arzobispal, el Departamento Topográfico, la administración de los vapores, la escuela náutica, la universidad, una escuela politécnica, otra de artes y oficios, y otra normal para maestros de escuela, el arsenal de marina, los astilleros, y otros mil establecimientos administrativos y preparativos que supone la capital de un Estado civilizado servirán de núcleos de población suficiente para formar una ciudad. ¡A cuántas aplicaciones públicas se ofrece el laberinto de canales e islas que forman el delta del Paraná! ¿Por qué no hemos de abandonarnos a la perspectiva de ver los mismos efectos, cuando las causas son más poderosas? ¿Queréis puertos espaciosos, seguros, cómodos? Cread docks como los de Londres en el Támesis, como los de Liverpool en Mirvay, que guardan las naves debajo de llave y las cargan con carretas atracadas a su bordo. ¿Queréis fortificaciones inexpugnables? Estableced sobre las aguas del río, sostenidas por anclas, baterías flotantes con cañones a la Paixhans. Esta es la última palabra de la fortificación marítima, los navíos de tres puentes no osan acercárseles.

La calidad montañosa del terreno hace de esta circunstancia una ventaja. Los accidentes del terreno rompen la monotonía del paisaje; los puntos elevados prestan su apoyo a las fortificaciones. Una plataforma culminante servirá de base al capitolio argentino, donde habrá de reunirse el congreso de la Unión. La piedra de las excavaciones de Martín García sirve de pavimento a las calles de Buenos Aires, y no hay gloria sin granito que la perpetúe. Argirópolis (la ciudad del Plata) nacería rica de elementos de construcción duradera; los ríos, sus tributarios, le atraerán a sus puertos las maderas de toda la América Central. Si queréis saber lo que la industria europea puede hacer en su obsequio, no hay más que ver que a dos mil leguas más lejos lleva el interés del comercio. Los diarios publican recientemente las siguientes noticias de California:

"Por ejemplo, el año pasado fueron remitidos seis hoteles, diez almacenes completos, nueve juegos de bolos, 372 casas de madera, 59 de hierro, 7 ídem portátiles, 29 casas de hierro galvanizado, un gran almacén de hierro galvanizado y un gran número increíble de departamentos de casa, tanto de madera como de hierro. Este artículo está calculado en millares. Es extraordinaria la cantidad remitida de materiales de construcción: pasan de cuatro millones los pies de madera, y más de un millón las ripias y ladrillos."

¿Dirásenos que todos estos son sueños? ¡Ah! Sueños, en efecto; pero sueños que ennoblecen al hombre, y que para los pueblos basta que los tengan y hagan de su realización el objeto de sus aspiraciones, para verlos realizados. Sueño, empero, que han realizado todos los pueblos civilizados, que se repite por horas en los Estados Unidos, y que California ha hecho vulgar en un año, sin gobierno, sin otro auxilio que la voluntad individual contra la naturaleza en despecho de las distancias.

La civilización, armada hoy de los instrumentos de poder que ha puesto en sus manos la ciencia, los lleva consigo dondequiera que penetra. Dése hipotéticamente una ciudad como Venus, saliendo de entre la espuma de las aguas de un conjunto de ríos y el comercio pondrá de su cuenta en un año todos los accesorios y vehículos que aceleren el movimiento. Los vapores de remolque saldrán como en la boca del Mississippi al amanecer a caza de naves retardadas por los contrarios vientos.

Los mil canales en que el Paraná se deshilacha al hacerse Río de la Plata serán frecuentados por millares de botes, falúas y lanchas que se agitan incesantemente en las marinas adyacentes a los puertos. Cuanto punto abordable presentan las costas del Uruguay, el Paraná y ambas márgenes del Plata serán otros tantos mercados de provisiones, contándose por minutos las distancias que el vapor mide desde la isla a Buenos Aires, cuyas torres se divisan: doce años han bastado para producir en California estos asombrosos resultados:

"Entre San Francisco y Panamá se emplean como paquetes regulares los siguientes vapores: Oregon, Panamá, California, Unicorn, Fenerre, Carolina, Isthmus, Columbus, Sarah Sands, New Orleans. Estos diez vapores, de las mayores dimensiones conocidas, están en contacto con los siguientes en el Atlántico: Crescent City, Empire City, Falcon, Ohio Georgia, Cherokee, Philadelphia. Al movimiento activo de la población que imprimen la actividad incesante de estos diez y siete vapores se agrega la de catorce vapores más, que en los ríos de California y en las aguas del Pacífico se emplean inmediatamente, y son: Senator, Hatford, Spitfire, West Point, Eudora, Sea Gull, Taboga, W. J. Pause, Chesapeake, Gold Hunter, New-World, Wilson, G. Hunt, Confidence, Goliath."

Dos años ha que el teatro de tanta actividad era un yermo, interrumpido de tarde en tarde por pobres y atrasadas poblaciones mejicanas, sin industria y durmiendo dos siglos hacía sobre montones de oro. Nunca hemos podido echar una mirada distraída sobre la carta del Río de la Plata, sin que los ojos se sientan atraídos irresistiblemente por la sorprendente disposición de Entre Ríos para convertirse en el país más rico del universo. No tenemos embarazo de decirlo; la naturaleza no ha creado pedazo de tierra más privilegiado. El Egipto es estrecho, la Holanda cenagosa, la Francia misma mal regada. Todo el país cruzado a lo larga por cuchillas montuosas que accidentan blandamente el paisaje, y fijando las nubes alimentan las lluvias. En el centro, entre dos de estas eminencias, corre el Gualeguay, formado por cuarenta y ocho arroyos, que a derecha y a izquierda subdividen el valle o basin, con una red de canales de irrigación. Paralela al Paraguay corre otra cuchilla, de donde se desprenden casi en línea recta más de ochenta corrientes de agua, que corresponden a una por legua. Otro tanto sucede en el lado opuesto, hacia el Paraná, y todo este estupendo país, abrazado, envuelto en toda su extensión por el Paraná y el Uruguay que lo circundan.

Entre Ríos, el día que haya leyes inteligentes de navegación, será el paraíso terrenal, el centro del poder y de la riqueza, el conjunto más compacto de ciudades florecientes. Situada en la embocadura de dos ríos que vienen de las zonas tórridas, bajo el clima templado que media entre 34° y 30° de latitud, regado a palmos, a dos más de Europa, ¿por qué no es hoy una nación, en lugar de una provincia pobre y despoblada? Desde luego, la falta de leyes de navegación; pero principalmente una mala aplicación de territorio privilegiado.

El Entre Ríos es un pedazo de tierra regado por la naturaleza con el esmero de un jardín; ¡pero en este jardín pacen hoy rebaños de vacas! La legua cuadrada de terrenos, con bosques y arroyos en el estado de naturaleza, no puede consagrarse al pastoreo sino de un cierto número de animales. Como estos animales dan al año un producto fijo, el monto del valor de este producto anual es como el interés de un capital que representa el valor del espacio de tierra que el ganado ocupa, y el del ganado mismo; de donde resulta que la tierra no puede tener, en razón de sus productos, sino un valor insignificante.

Cambiemos la aplicación dada a la tierra; pongamos en lugar del ganado hombres cultivándola, y hagamos el mismo cómputo. La cuadra de terreno regada por los centenares de arroyos da una cantidad de productos cuyo valor aumenta indefinidamente en proporción del trabajo y en razón de las facilidades de exportación; de donde resulta que la tierra puede tener un valor ilimitado en razón de sus productos.

El propietario de una legua de terreno de pastoreo puede, pues, aplicándolo o abandonándolo a la agricultura, obtener los resultados que en Montevideo se obtuvieron aplicando a ciudad el espacio de tierra que yacía inculta fuera de la muralla; y lo que hoy vale cientos de pesos valdrá en pocos años cientos de millones, con sólo desmenuzar en pequeños lotes la propiedad territorial y venderla a colonizadores alemanes, como los que han poblado en estos diez años últimos las márgenes del Ohio en los Estados Unidos. Ahora el Entre Ríos está rodeado de países que no producen cereales. Se haría el granero de los pueblos, desde el Paraguay hasta Martín García, el del Brasil y el de la Inglaterra, a donde se exportan de Chile con ventaja los trigos. En Entre Ríos debiera prohibirse la cría de ganado, para entregarse sin estorbo a la cría de ciudades, al aumento de la población y al cultivo esmerado de pedazo de tierra tan lujosamente dotado.

La proximidad de un gran centro de comercio, como el que ha de formarse en la capital de los Estados del Plata; la reunión de un Congreso que regle y fomente la navegación de los ríos; una Constitución que distribuya equitativamente las ventajas comerciales; en fin, la provisión de un gran movimiento de buques y de hombres, darían en poquísimos años al Entre Ríos la alta posición que a sus habitantes depara la Providencia. Martín García sería el granero del Entre Ríos, para satisfacer desde allí la demanda de productos agrícolas hecha por el comercio marítimo para la exportación y por el consumo de las ciudades circunvecinas.

Volviendo a las ventajas que aseguraría a los Estados del Plata la creación en aquella isla de una ciudad capital, apuntaremos una que para nosotros al menos es de una trascendencia incalculable. Tal es la influencia que ejercería sobre los hábitos nacionales esta sociedad echada en el agua, si es posible decirlo, y rodeada necesariamente de todos los medios de poder que da la civilización. A nadie se ocultan los defectos que nos ha inoculado el género de vida llevado en el continente, el rancho, el caballo, el ganado, la falta de utensilios, como la facilidad de suplirlos por medios atrasados. ¡Qué cambio en las ideas y en las costumbres! ¡Si en lugar de caballos fuesen necesarios botes para pasearse los jóvenes; si en vez de domar potros el pueblo tuviese allí que someter con el remo olas alborotadas; si en lugar de paja y tierra para improvisarse una cabaña se viese obligado a cortar a escuadra el granito! El pueblo educado en esta escuela sería una pepinera de navegantes intrépidos, de industriales laboriosos, de hombres desenvueltos y familiarizados con todos los usos y medios de acción que hacen a los norteamericanos tan superiores a los pueblos de la América del Sur.

La otra consecuencia sería aun más inmediata, y no tenemos embarazo de indicarla, y es que proporcionaría ocasión de obrar un cambio completo en la política actual de los gobiernos de la Confederación. La necesidad de triunfar de las resistencias, el deseo de dominar las dificultades que se han opuesto hasta aquí a la organización de la república, ha hecho que los gobiernos se hayan armado de poderes terribles que hacen ilusoria toda libertad. Pasado, empero, el peligro que autorizó esta acrecentación de poder, es casi imposible desmontar aquellas máquinas. El gobernante se ha acostumbrado en diez años de práctica al uso del poder absoluto; el pueblo a temblar y temer; y la legislatura provincial que autorizó al ejecutivo ha venido a quedar tan subyugada e intimidada por su misma criatura, que tiembla sólo de pensar que en sus manos estaría el hacer cesar las facultades que concedió.

Los hombres que están a la cabeza de los pueblos, y cuya voluntad representan o dominan, tienen un gran cargo que pesa sobre ellos. El partido unitario, cuales quiera que sus desaciertos fueren, reunió un Congreso y dio una Constitución a los pueblos. Los federales no creyeron consultados en ella los intereses de las provincias, y el coronel Dorrego, según la declaración oficial de su agente cerca de las provincias de Cuyo, "puesto a la cabeza de la oposición derrocó (con esfuerzo y refuerzo de las provincias) aquellas autoridades que abusaron de la confianza y sinceridad de los pueblos". Derrocadas las autoridades nacionales "y para no continuar en la acefalía en que nos observamos", añadía el mismo enviado solicitando el provisorio encargo de las relaciones exteriores, "debemos no perder un momento en concurrir a la formación de un cuerpo deliberante, sea congreso o convención preliminar a él"18. El gobierno federal de San Juan, al otorgar el encargo solicitado, declaró por una ley de legislatura, "que no era la voluntad de la provincia el que la nación subsistiese inconstituida"19. Todos los pueblos hicieron iguales declaraciones. ¿Han cumplido los gobiernos federales tan solemnes promesas en 23 años transcurridos? ¿De quiénes dirá la historia imparcial que abusaron de la confianza y sinceridad de los pueblos?

Por otra parte, esos unitarios, proscritos, perseguidos a muerte, condenados al exterminio por las leyes de sangre y de odio, ¿tenían o no derecho de desconocer un sistema provisorio que había mentido a sus promesas, que no era expresión de la nación, legítimamente manifestada en un congreso prometido? La constitución unitaria fue echada por tierra; ¿pusisteis en su lugar la Constitución federal ara que los unitarios reconociesen la ley a que estaban obligaos a someterse? La reunión del congreso, pues, que así lo habíais prometido, y la creación de una capital independiente de toda influencia local, daría por resultado, a más de dejar satisfecho el voto de la mayoría federal, quitar a los unitarios todo pretexto para desconocer el orden existente, pues que sería la ley común y definitiva de los pueblos.

Los unitarios son un mito, un espantajo, de cuya sombra aprovechan aspiraciones torcidas. ¡Dejemos en paz sus cenizas! Los unitarios ejercieron el poder en 1824, y suponiendo que la generalidad de sus miembros tuvieron entonces la edad madura que corresponde a hombres públicos, hoy, después de veintiséis años transcurridos, los que sobreviven al exterminio que ha pesado sobre ellos, han encanecido, y cargados de años, debilitados por los sufrimientos de una vida azarosa, sólo piden que se les deje descender en paz a la tumba que los aguarda.

* Argirópolis fue publicada por primera vez en 1860, en Santiago de Chile.

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