¨Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización¨.

Domingo Faustino Sarmiento

Miércoles 21 Junio, 2017 14:40

 

 

 

HISTORIA Y POLÍTICA EFEMÉRIDES

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El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.

Ángel Ganivet

 

El hombre actual ha nacido o bien para vivir entre las convulsiones de la inquietud, o bien en el letargo del aburrimiento.

Voltaire

MANUEL BELGRANO / SOBRE EL CONTRABANDO

Producción de Latitud Periódico

2 de diciembre del 2015

Don Manuel Belgrano, Secretario por S.M. del Real Consulado del Virreynato de Buenos Ayres, en 1809.

Señores
La deplorable situación en que nos hallamos, casi rotos todos los vínculos de nuestro Comercio nacional por el tirano de la Europa, muchas veces me ha hecho dejar la pluma de la mano para el desempeño de la obligación que me impuso el Rey nuestro Señor, viendo que, por todas partes se presentan obstáculos para la existencia de cualquier pensamiento que se proponga y obstáculos insuperables.

A cualquier lado que dirijo la vista, miro al Comercio, objeto el mas principal de nuestro Instituto, abatido y casi digo anonadado, pues que no tiene un camino por donde conducirse, y todos los impedimentos que cada vez mas lo llevan al exterminio, sin que se nos asome la esperanza de un remedio pronto y eficaz que sostenga esta columna principal de la felicidad de La Nación.
Mientras los honrados ciudadanos dedicados a tan noble carrera están aguardando las sabias disposiciones de nuestro supremo Gobierno, otros amparados del espíritu cruel de la codicia, hollando todas las obligaciones y respectos, corren precipitadamente al inicuo tráfico del contrabando, al parecer como empeñados en acabar y ultimar al Comercio lícito, y con él acelerar la destrucción del Estado.

Todo esto debe amilanar el espíritu más fuerte y quitar vuelo a las ideas, que solo pueden tener existencia amparadas del Comercio: si este cesa, si perece, nuestros recursos irremediablemente se agotan: en vano nos cansaremos en proponer pensamientos, todo será inútil y al fin nos habremos contentado con pasar este momento sin efecto.
Que debe parecer, si subsiste este tráfico vergonzoso contra la Ley, no lo dudemos. Y además perecerán todos los demás ramos de la utilidad pública a estas Provincias, que reciben su sustento y permanencia de solo el Comercio: recorramos nuestras barracas y hallaremos la multitud de frutos que tenemos depositados para pasto de la polilla: pasemos a nuestros Hacendados y los veremos en la miseria por la falta de valor de las producciones; en una palabra, todo se resiente de la falta del tráfico lícito.

Bien sabemos por notoriedad, la multitud de efectos que han entrado en esta Capital, y que se hallan abarrotados los almacenes a términos de haber conocido palpablemente la baja enorme en los géneros de consumo, particularmente algodones y lanas, efectos que solo han podido conducir esos barcos Ingleses que hemos tenido a la vista y todavía tenemos.
¿Y con qué se han pagado? ¿Cuáles han sido sus exportaciones? Por ventura el renglón que debe ser de nuestro mayor cuidado darle expendio, cual es el cuero, ¿ha tenido algún aumento en su valor? No, Señores, todos los pagamentos se han hecho con dinero efectivo: unos pocos frutos que permite la clandestinidad se han comprado con aquel, el resto ha salido y sale continuamente en cambio de lo que se ha introducido e introduce.
¿Y cuáles han sido las ventajas que hemos conseguido? La destrucción, el aniquilamiento de nuestros fondos, la existencia de una multitud de extranjeros, corrompedores de nuestras costumbres, tan afianzados en su pertenencia en estos Países, que he oído decir que ya se están afincando.
Vuelvo a repetir que es deplorable nuestra situación, y que no podremos salir de ella hasta que Dios, por su infinita Misericordia, alivie los males de nuestra Madre Patria y el sabio Gobierno que nos dirige acceda a nuestras muchas y repetidas súplicas, que ya se le han dirigid o por este Cuerpo.
No obstante y puesto que no nos quedan recursos que tomar, yo me atrevo a proponer que cualificado que sea por nuestro Tribunal que un comerciante, sea quien fuere, ha hecho el contrabando, debe darle parte a esta Junta para que sea proscripto de nuestra Universidad y su nombre quede estampado con ignominia en nuestras Actas.

Ya veo que al hombre sin honor ni sentimientos, nada de esto le causará movimiento, y tal lo es aquel que se ejercita en defraudar al Rey sus reales derechos, que expone a sus conciudadanos a que sufran mayores pechos y derechos para soportar las cargas del Estado: pero a pesar de todo, tal vez de esta determinación resulte que algunos se retraigan de este depravado medio de enriquecerse con tanto perjuicio de los intereses públicos y privados.

Desengañemonos: jamás han podido existir los Estados, luego que la corrupción ha llegado a pisar las Leyes y faltar a todos los respectos. Es un principio inconcuso que en tal situación, todo es ruina y desolación, y si eso sucede a las grandes Naciones, ¿qué no sucederá a cualquiera ramo de los que contribuyen a su existencia? Si los mismos comerciantes entran en el desorden y se agolpan al contrabando, ¿qué ha de resultar al Comercio?: que se me diga, ¿qué es lo que hoy sucede al negociante que procede arreglado a la Ley? Arruinarse, porque no puede entrar en concurrencia en las ventas con aquellos que han sabido burlarse de ella.

¿Y no es digno de la execración pública un hombre que así falta a tan santas obligaciones? Los hombres de bien, ¿no aplaudirán nuestro celo si no habiendo en nuestras manos otro arbitrio para contener ese mal destruidor de la Sociedad, adoptamos el de expulsar de un modo ignominioso a los que de los nuestros lo ejecutan? Si, Señores, agradecerán tan justa determinación y mantendrán el respeto que debe merecerse un Cuerpo cuyo principal instituto es la protección y fomento del Comercio.
El mejor modo, el fundamento de su protección y fomento, debe ser ponerlo en el equilibrio que le corresponde, y esto no puede ser sin aniquilar el contrabando y con él la hidra del monopolio que todo lo devora, todo lo acaba, hasta derribar las columnas del edificio político.
Si es cierto, como lo aseguran todos los Economistas, que la repartición de las riquezas hace la riqueza real y verdadera de un País, de un Estado entero, elevándolo al mayor grado de felicidad, mal podrá haberla en nuestras Provincias, cuando existiendo el contrabando y con él el infernal monopolio, se reducirán las riquezas a unas cuantas manos que arrancan el jugo de la patria y la reducen a la miseria.

Lo peor es que dándoles abrigo entre nosotros a esas manos infames, mañana acostumbrados al desarreglo y a faltar a los más sagrados respetos de la Ley, trastornarán nuestros últimos establecimientos, y serán capaces de cooperar a nuestra ruina total. No: el Real Consulado de Buenos Ayres debe dar muestras evidentes de un zelo, por el bien del Comercio nacional y de los intereses recíprocos de estas Provincias con los de la Madre Patria: ya ha hecho cuanto ha estado de su parte, representando a la Corte y a este Gobierno: establezca ahora por si que al comerciante que se le cualifique ser contrabandista se le proscribirá de nuestra Universidad, y para que esto tenga todo el efecto, que se solicite la aprobación de S. M.
Tal vez traspaso el orden de mis ideas, por la celeridad con que se agolpan a mi imaginación, y la prontitud con que me hallo de apuntarlas, porque después de tener escritos otros pensamientos para manifestarlos a esta Junta, he juzgado más adecuado insinuar el desgraciado estado de nuestro Comercio lícito, porque como ya lo he expuesto, el equilibrio es la base principal del Comercio, como lo es en el orden natural para la conservación de cuanto Dios ha criado.

Me arrebata y exalta al extremo ver que estos extranjeros no solo se contentan con hacer el contrabando tan a su salvo, sino que ya tienen sus almacenes públicos, donde venden por mayor y menor, y lo que es todavía para mí más escandaloso, que haya españoles que salgan al frente a cubrir semejante iniquidad.
Así es que los vemos queriendo formar cuerpo de comercio Ingles, unos hombres que no solo están contra nuestras leyes en este suelo, sino contra las de su mismo País que les prohíbe el contrabando. Ya en sus conversaciones han llegado a decidirse a no obedecer a nuestro Tribunal, y aun oponerse a sus determinaciones, en lo cual debe haber la mayor vigilancia y cuidado, haciéndoles sentir a las más pequeñas desobediencias el peso de la autoridad.

Están persuadidos aun, con un orgullo increíble, que su poder es inmenso, y que por fuerza se les ha de admitir, y aun les parece que no hay autoridad que los juzgue, y por esto mismo se les debe hacer conocer la energía con que nuestros jueces consulares hasta ahora han sostenido las obligaciones de sus cargos: así tal vez se contendrán en sus límites, ya que nuestra desgracia quiere que vivan con nosotros, y tan apreciados aquellos mismos que tantos males nos traen.
No se crea que hablo como un negociante interesado en vender lo mío más caro: ninguna clase de trato he hecho con ellos: hablo como un amante del Comercio licito y del bien del público: es un error creer que la baratura de los géneros que tenemos traídos por los contrabandistas sea benéfica a la Patria: lo que a esta conviene es que sus producciones tengan valor, aunque sean caros los efectos que se les vendan: esa desigualdad pronto se equilibra, pero en la que estamos, jamás, y todo se arruinará.
La Cédula Ereccional previene que no se abra almacén, tienda, etc., sin primero obtener licencia de nuestro Tribunal: estoy persuadido que hay muchos sin ella: ¿y no será oportuno que se haga una indagación de los extranjeros que están con puros intereses suyos, y aun me aseguran que sin que los cubra el nombre de algún español? En tal evento, inmediatamente debe procederse a sacarles la multa asignad a y dar cuenta al Gobierno, como un dato autentico de la existencia de ese tráfico lícito, o cuando no, dirigirse a la Junta Central en comprobación de las repetidas Representaciones que se le han dirigido.

Si no nos está bien hacer las veces de un Resguardo, porque seguramente esto sería alterar el orden y cada uno debe conservar su ocupación, nos está muy conforme a nuestros deberes poner los medios que nos están prescriptos en toda la extensión que nuestras ordenanzas permiten.
Ya se ve, ¿esto qué contendrá, cuando según S. E. sus providencias no bastan, que tiene el lleno del poder en las manos? Pero al menos se advertirá que este Real Consulado tiene zelo y sabe sostenerse cumpliendo las obligaciones que S. M. le tiene impuestas.
A esto se dirigen mis anhelos para que se conserve con el honor y decoro que hasta aquí, añadiendo más y más comprobantes de su amor al bien de la Nación y prosperidad particular de estas Provincias, que deben consolarse de hallar en este Cuerpo quien mire por sus intereses y los generales del Estado.
Las ideas apuntadas no necesitan de auxilios para planificarse, y podíamos quedar con el desconsuelo de no tener medios para verificarlos: está en nuestras manos la decisión, sin traspasar los límites de lo que nos corresponde, mas la Junta las meditará y dará la existencia que le parezca, quedándome la satisfacción de haberlas propuesto, desempeñando una de mis principales obligaciones.
Esto, que sería obra para cualquier sesión, es hoy una Memoria porque lo creo muy de necesidad el que se ejecute cuanto dejo apuntado, para que nuestro comercio de Buenos-Ayres no tenga ese nombre tan injurioso e infame de contrabandista: que conozcan nuestros venideros que hubo hombres de bien en medio de la corrupción, y que el cuerpo jefe del Comercio de estas Provincias supo mantener la pureza de las Leyes en cuanto estuvo de su parte y cumplió exactamente lo que le mandan sus Ordenanzas.
Todavía adelantaría mis ideas, en un tiempo que se necesita más vigilancia que nunca, pero me contento con cuanto dejo apuntado y con añadir que la Nación exige de nosotros toda la atención imaginable para el cumplimiento de las respectivas obligaciones que nos están impuestas.
Si cada uno de nosotros hace un poco de su parte en la reunión de ideas y hechos, habremos conseguido muchos adelantamientos a favor de nuestro Comercio y de los ramos que tienen mutua dependencia con él: que la Junta entienda los trabajos a que cada individuo de los que la componen está obligado: mil objetos son de nuestra inspección, y todos claman por patrocinio y amparo. Las luces de sus Individuos, espero que me darán materiales con que ejercitar mi pluma.
De este modo, nuestras Provincias tendrán siempre presente al Real Consulado de Buenos-Ayres, sin dudar que los beneficios de su Agricultura, Industria, Comercio, Navegación, Caminos, etc., se los deberá a la dedicación a tan útiles trabajos, únicos que pueden llevar estos Países a su felicidad, que hoy tienen la gloria de formar una parte integral de la Monarquía Española.
Buenos Ayres Junio 16 de 1809.
En presencia de mi el Secretario, se enteró la Junta de la Memoria que me está mandado por S. M. escribir todos los años, y acordó pasase en vista al Señor Sindico.
Belgrano

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