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Actualizado: 9 Mayo, 2016 16:54

 

"La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos".

Josè De San Martìn

 

MOVIMIENTO OBRERO INFORMES / INVESTIGACIONES
 

TALLERES CLANDESTINOS

MÁS DE 3000 TALLERES Y 800 PROSTÍBULOS EN EL 2010
Parte II

Por Elena Luz González Bazán especial para Latitud Periódico

20 de octubre del 2013

En esta parte, las firmas Ona Sáez, Soho, el taller incendiado de Luis Viale, los talleres que siguieron existiendo estos años. Otro taller clausurado.

Cuando estábamos entregando esta segunda parte del Informe, la Subsecretaría de Trabajo de la CABA informaba que este jueves 17 de octubre se había clausurado un taller ubicado en la calle Pedernera 1205.
El operativo contó con la participación de la Policía Federal.

EL MOTIVO

La presencia de matafuegos vencidos, entre otras infracciones
detectadas fue lo que motivó que los inspectores de la Dirección General de
Protección del Trabajo ordenaran la clausura del establecimiento que no
podrá volver a funcionar hasta tanto no resuelvan las causas que dieron
origen a la sanción. Es importante destacar que no plantean en su comunicado sobre otras infracciones, aunque por las fotos entregadas es dable deducir condiciones precarias de trabajo.

Taller clausurado

Esta actuación se enmarca en un amplio operativo desplegado por la
Subsecretaría de Trabajo para inspeccionar los talleres de confección y
garantizar condiciones de salud, higiene y seguridad adecuadas para los
trabajadores que allí se desempeñan, reafirman en su comunicado de prensa.

FIRMAS EN INFRACCIÓN

En el 2010, la firma Ona Sáez decide realizar una temporada otoño – invierno, todo de negro, otra de las firmas reputadas por contratar trabajo esclavo, esto implica, sin cargas sociales, aguinaldo, vacaciones, indemnizaciones por despido, salario familiar, sin seguro de trabajo, sin aportes previsionales, obra social.

Cinco años antes, en el 2005, Gustavo Vera referente de La Alameda, ofrece información a la Defensoría sobre estos talleres, medianos y grandes con 10 trabajadores de mínima.

Pero el trabajo en negro es sólo un aspecto de los talleres clandestinos. En marzo de ese año se brinda a la justicia los domicilios de 22 talleres clandestinos y a los propietarios de la marca Soho por fabricar sus prendas en establecimientos de ese tipo.

Todo esto conformaba la campaña llevada adelante por la Defensoría, iniciada en ese año, con la denuncia de los inmigrantes de Bolivia sometidos a condiciones infrahumanas de trabajo; los trabajadores y sus familias indocumentados o bien se les retenía y retiene la documentación, de esta forma se evita la fuga. Esta realidad se ejecuta con complicidad de los funcionarios policiales, una justicia que llega tarde, funcionarios gubernamentales que no se saben donde inspeccionan o a cuerpos de inspectores que les atan las manos…

Durante estos años, esta cronista ha ido realizando un seguimiento de las denuncias, los talleres en infracción y lo que vino y fue en aquel momento, como el velo que se descorría para vivenciar lo que es el trabajo esclavo: el lamentable incendio del taller de Luis Viale.

Sobre ese incendio la Defensoría sostiene: el incendio del taller de la calle Luis Viale y su secuela de víctimas, movió al gobierno nacional a acelerar los trámites de radicación que realizan ciudadanos bolivianos y de otras naciones del MERCOSUR. Por su parte, el gobierno de la Ciudad ordenó una serie de inspecciones que derivaron en la clausura de centenares de talleres clandestinos.

Nada se paró…

Lugar de trabajo en un taller que confecciona ropa para las grandes marcas

Esto continuó, y continuaron los denominados escraches de la Unión de Trabajadores Costureros a sus empleadores ocultos, donde se cobraba y se cobra menos de la mitad del salario de convenio y con jornadas muy superiores a las del convenio. Estamos hablando de los tiempos de la Revolución Industrial: 14, 16 y hasta 18 horas diarias sin descanso y sin domingos…

La ley 12.713 reprime con multa y cárcel a quienes obligan a trabajar 16 horas diarias y por un magro salario. Sin embargo, esto a pesar de hacerse en las tinieblas y a media tiniebla, porque se conoce perfectamente este funcionamiento ¨clandestino¨, nada se hace.

En ese año se calculaban unos 25.000 costureros.

300 talleres clandestinos fueron clausurados por el Gobierno porteño.

500 talleres clandestinos se mudaron al Gran Buenos Aires para eludir inspecciones.

71 marcas de indumentarias confeccionan sus prendas en talleres clandestinos.

78.804 indocumentados intentaron regularizar su situación en CGP porteños, hoy las Comunas.

Sólo 14.534 lo lograron.
Una información aportada por la Defensoría que deja al desnudo que si no lo logran en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se van a la provincia y la pregunta sería ¿y en la provincia que hicieron?

Comercialización gigante, lo que se denomina marketing, que se suma a los salarios de esclavos, Estados que miran a otro lado y, sobre todo, el silencio de quienes lo padecen.

BOLIVIANOS NO ARGENTINOS

En ese momento y en la actualidad, no hay argentinos en estos trabajos, si los hay están en minoría con respecto a los oriundos de países limítrofes. Se sostiene que no aceptan estos trabajadores tan explotadores, sin embargo, hay otras formas de súper explotación donde se los encuentra.

En el caso de los argentinos pueden denunciar en los sindicatos o la justicia. En el caso de los bolivianos son atemorizados y se utiliza la represión y la violencia…ante esta situación, de extrema comodidad, los talleristas prefieren elegir costureros bolivianos, fundamentalmente.

A los que aquí viven, los suelen convocar a través de Bolivia, el Corazón de América, un programa que Hugo Arnez Zambrana conduce la emisora preferida de la audiencia boliviana en Buenos Aires. Zambrana -quien se jacta de ser un hombre solidario- también cuenta con la página web donde los talleristas publican clasificados pidiendo overloquistas, collaretistas, rectistas y otros trabajadores duchos en el oficio de la costura. Los interesados deben contactarse a través de números telefónicos que se consignan en los avisos y que mayoritariamente pertenecen a abonados del sudoeste porteño, zona donde -según las denuncias-pululan los talleres clandestinos, se lee en servicio católico, portal por internet con el título de Argentina esclaviza a los bolivianos.
En este portal reproducida la nota también por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, se puede verificar la connivencia de los distintos responsables de este latrocinio.

Otros portales como Indymedia Bolivia también hay denuncias, contradenuncias y se destaca el problema de la explotación en los talleres.

Sería redundar en cuanto a lo sufrido, casos, testimonios de bolivianos que llegan al país y por unas piastras van a parar a estos lugares con promesas de salarios que no se cumplen.
Talleres ubicados en Donato Álvarez y Juan B. Justo, trabajadores que cuentan su historia, como en su país les prometieron un importe por prenda y cuando realizaron en Buenos Aires el trabajo que sumaba, en es momento, unos 800 pesos le terminaron pagando 85 pesos.

Los talleristas, estamos hablando de los dueños de los talleres utilizan estos medios y piden trabajadores que puedan cumplir con la tarea solicitada. Todo esto es público… ¿Qué se ha hecho para modificar esta situación irregular?


TALLER DE LUIS VIALE 1269

El 30 de marzo del 2006 se produce el incendio que deja el saldo de seis muertos, cinco son niños.

Juan Correo, uno de los encargados del taller siniestrado le afirmaba al Juez Alberto Baños, a cargo de la causa que: Ellos (los bolivianos) viven así. Las condiciones las fijaban ellos, no yo. La mentalidad de ellos es así, vienen al país, juntan plata dos años y ponen un taller. Por eso quieren vivir en el mismo lugar donde trabajan, así no gastan.

Culpar a la víctima, los niños fueron culpables de morir bajo las llamas…

Lo que por supuesto no dijo Correa fue que son indocumentados o les retienen el documento, de esta forma viven al arbitrio de sus patrones.

¨A partir de allí, la simple amenaza de echarlos a la calle y dejarlos a merced de cualquier prepotencia policial resulta un argumento más que convincente para que el empleado permanezca en el taller.
Cuando esto no basta, el descontento de los trabajadores se apacigua por otros medios. Juan Carlos Salazar Nina, dueño de dos talleres clandestinos de Parque Avellaneda, solía aliviarlo con fiestas que organizaba de sábado en sábado. Había en ellas mucha cumbia y mucho alcohol y Nina instigaba a los costureros a beber hasta que la borrachera los alcanzaba y descargaban sus broncas acumuladas peleándose entre ellos¨.

Gustavo Vera sostenía, el tiempo desgasta a estos mecanismos disciplinarios. cada cuatro o cada seis meses los empleados se hartan de la superexplotación y se vuelven "quejosos"; entonces, los patrones los echan a la calle sin dinero y sin documentos, y después parten a Bolivia en busca de una nueva camada de costureros que los reemplace. Para colmo -agrega- los talleristas abusan de la absoluta precariedad de sus ex empleados y se quedan con el dinero del último período trabajado.
Los costureros que quedan en la calle resisten hasta que pueden; pero, en general, terminan empleándose en otro taller donde volverán a vivir la pesadilla que pretendían dejar atrás.

Algo más para agregar a este panorama desolador…

Si podemos reseñar que en la Revolución Industrial, durante toda su proceso de imposición, existió el trabajo a domicilio, que la superexplotación fue parte de esa realidad. Que las jornadas eran extenuantes y trabajaban todos los miembros de la familia que pudieran caminar.

A esto podemos agregar el denominado trabajo sudor en nuestros conventillos a fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. La convivencia y hacinamiento, la falta de todos los servicios necesarios y lugares lúgubres de vivienda donde se trabajaba, dormía, comía y vivían los niños.

Eso sí, en aquella época, las clases empresarias decían lo mismo… que a los trabajadores les gustaba vivir así…


FUENTES: Defensoría, Indymedia Bolivia, otras fuentes, entrevistas y propias.

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