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Actualizado: 9 Mayo, 2016 16:49

 

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TALLERES CLANDESTINOS

MÁS DE 3000 TALLERES Y 800 PROSTÍBULOS EN EL 2010
Parte I

Por Elena Luz González Bazán especial para Latitud Periódico

16 de octubre del 2013

Con fecha 2 de octubre del 2013, Prensa de la Subsecretaría de Trabajo informó que se había clausurado otro taller en infracción, el mismo está ubicado en la calle Salvigny 1180, barrio de Flores, Comuna 5.

El allanamiento lo llevó adelante el Juzgado Correccional y Criminal Federal Nº 2.

INFRACCIONES DEL TALLER

La Dirección General de Protección del Trabajo ordenó la clausura por las siguientes infracciones:

• Riesgo eléctrico por tableros sin protección,
• cables expuestos y
• la falta de higiene general en todo el establecimiento.

El pasado 26 de septiembre, en otro operativo se encontró que otro taller estaba en falta, un taller de confección por:

• falta de vestuarios adecuados,
• caminos de circulación obstruidos,
• falta de guantes de protección y
• falta de limpieza en determinados sectores, entre otras irregularidades detectadas.

Este taller está ubicado en la calle Sanabria 2262, fue intimado a presentar la documentación correspondiente y adecuar las instalaciones.

El taller cuenta con: un total de 92 trabajadores y 53 máquinas.

Nuevamente, el Subsecretario afirmó que: “Estamos empeñados en garantizar, a quienes trabajan en talleres, las condiciones de salud, seguridad e higiene que corresponden. Vamos a seguir sancionando y si fuera necesario vamos clausurar los establecimientos que no cumplan con la ley. No se puede poner en riesgo la salud y la vida de los trabajadores”.

HACE TRES AÑOS

La Agencia internacional EFE, el 27 de septiembre del 2010 informaba que había 3.000 talleres clandestinos y 800 prostíbulos en la Ciudad de Buenos Aires.

En su nota periodística sostenía: Una organización humanitaria argentina denunció la existencia de 3.000 talleres textiles clandestinos y más de 800 prostíbulos en la ciudad de Buenos Aires, y pidió respuestas concretas al alcalde de la ciudad, Mauricio Macri.

La organización fue la No Gubernamental: La Alameda, cuyos integrantes se concentraron en la sede del Gobierno de la capital del país y entregaron una carta al Jefe de gobierno Mauricio Macri.

La Alameda, sostenía en ese momento que: hay una "existencia impune" de más de 3.000 talleres clandestinos en los que ocurren "situaciones de hacinamiento, insalubridad, trabajo esclavo, explotación de indocumentados y trata laboral", en especial de extranjeros o argentinos procedente del interior del país.

PROSTÍBULOS

Por otro lado, hay más de 800 prostíbulos en los que se "explota sexualmente a más de 4.000 mujeres", muchas de ellas extranjeras y que son "reducidas a la servidumbre y víctimas de trata", sostenían.

En la carta, la ONG señaló que en Buenos Aires hay "600 geriátricos en situación irregular", entre otras irregularidades denunciadas.

Portavoces de La Alameda dijeron a la agencia EFE que además de entregar la carta al jefe del Gobierno, la ONG canalizará la denuncia a través de la Legislatura y la Defensoría del Pueblo.

Hace unos días, numerosas organizaciones, donde se encuentra La Alameda, acaban de denunciar más de 600 prostíbulos, se calculan que hay 1.200 en la Ciudad y más de 8.000 en el país.

A esto se suma la presentación de un listado de más de 100 puntos de venta y distribución de droga, donde los distintos barrios porteños están en la mira. Puntos en la vía pública, bailables, espacios diversos y muchos cercanos y rodeando las escuelas.

Volviendo a los talleres clandestinos y con infracciones, son espacios de sobreexplotación de la mano de obra, donde se utilizan indocumentados o personas a quienes se le quitan los documentos, que concurren a esta forma de hacinamiento y explotación con sus familias y sus niños.

En un país degradado, todo está en la misma sintonía: prostitución, trabajo esclavo, trabajo infantil, empresas: talleres en estado calamitoso.

El discurso, ahora relato, se da de bruces con la realidad… y la verdad…

En febrero del 2008, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires publicaba un informe titulado: Glamour vs. dignidad, LAS MARCAS DE LA ESCLAVITUD.

En el mismo relevaban sobre las formas de esclavitud que renacieron en este siglo XXI, con una ¨perversa combinación de condiciones económicas y procederes ilegales permitió que se extendieran por la ciudad talleres clandestinos donde seres humanos pueden llegar a trabajar dieciséis o más horas diarias a cambio de un dólar.
Luego afirman: con la convertibilidad, todo parecía color de rosa. Una simple moneda alcanzaba para comprar un dólar, el mercado ofrecía los artículos más insólitos y las tarjetas de crédito alentaban el consumo. Los emblemáticos shoppings albergaban a locales de indumentarias de marca que subyugaban a los porteños y los convencían de que un monograma o una etiqueta eran el pasaporte hacia el éxito.

Por otro lado, la invasión de ropa asiática a precios muy bajos que fueron amenazando la producción local. De tal forma las grandes marcas como Kosiuko, Montagne, Lacar y otras comenzaron a tercerizar su producción, marcas para las veleidades de las clases medias y súper explotación de indocumentados, niños, mujeres y hombres, todo esto para reducir costos en beneficio del dios dinero. Luego afirman: Para ello, tercerizaron la producción; es decir, la derivaron a sórdidos talleres que, amparados en la clandestinidad, transforman la normativa laboral en puro cuento y someten a sus empleados a indignas condiciones de trabajo y de vida.

Vivíamos y trabajábamos en una pieza de tres por cuatro donde había tres máquinas de coser: dos rectas y una de doble aguja. Con mi mujer, dormíamos en el suelo pues la única cama la compartían nuestros dos niños. Era un lugar inseguro e insano porque las conexiones eléctricas de las máquinas estaban sueltas y el polvillo del aire nos afectaba los pulmones; así recuerda el costurero AHR -cuya identidad se reserva - al tugurio en el que vivió con su familia durante casi un año, mientras confeccionaba polares Montagne, bermudas Rusty y buzos Lacar.

Él y su esposa comenzaban a coser a las 7 de la mañana y terminaban a la 1 del día siguiente. Eran 18 horas de labor que sólo interrumpían para comer. A las 9 -cuenta- nos daban una taza de café y un pan. Al mediodía, una porción de arroz con una papa y un pedazo de carne o un huevo. A eso de la seis de la tarde nos servían un té con otro pan y a la noche una sopa de arroz. En esas ocasiones, cada miembro de la pareja recibía una mínima ración que ellos achicaban para compartirla con sus hijos. Para colmo, el matrimonio debió esperar seis meses para cobrar su primer salario.

AHR no trabajaba en algún lugar recóndito del país, sino en un taller situado en la calle Eugenio Garzón 3853 del barrio de Floresta, donde -se supone- debería llegar el imperio de la ley 12.713 que resguarda los derechos de quienes, como él, son trabajadores a domicilio.

La explotación, la sumisión, la reducción a servidumbre son las tres aristas esenciales de estos talleres de la cobardía empresarial apoyados por los gobiernos de turno y apañados en su funcionamiento.

En la segunda parte: Los talleres denunciados y la cantidad que hay en la ciudad y en el país. Denuncias y más denuncias…

FUENTES: diarios, prensa Defensoría del pueblo de la Ciudad, fuentes propias.

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